viernes, 19 de junio de 2015

Asesoría Educacional



Johana Concha Zúñiga
Profesora de Educación General Básica
Magister en Gestión Pedagógica y Curricular
Asesora en Liderazgo Escolar




Paola Vega Bustos
Educadora de Párvulos
Profesora de Educación General Básica
Asesora en Gestión Curricular


Asesoría Educacional


















Jessica Villanueva 
Psicóloga y Orientadora
Asesora en Convivencia Escolar



Vladimir Coronado M.
Ingeniero Comercial
Diplomado en Gestión de Recursos
Asesor en Gestión




domingo, 1 de marzo de 2015

EL PRINCIPIO DEL LIDERAZGO EN UNA INSTITUCIÓN EDUCATIVA

Este principio apunta a canalizar las capacidades y la influencia interpersonal hacia el logro de resultados de aprendizaje en los estudiantes. Estimular la noción de liderazgo, desde el nivel directivo hasta la base de la organización, agiliza la toma de decisiones y se generan experiencias que mejoran el clima no sólo en términos de cohesión interpersonal sino también en función de prioridades y objetivos (Cunninghan,W., Gresso, D. 1993; James, P., 2001). De la gestión del liderazgo deberíamos esperar efectos positivos en el clima de la organización que incidan directamente en la calidad de la mayoría de los procesos relevantes para el logro de aprendizajes y avances organizacionales (Schmelkes, 1994), por tanto, es necesario que la autoridad formal de la organización sea reconocida en su rol de liderazgo potenciando así el surgimiento de otros actores en función de proyectos específicos (Glaser,W., 2000; Cereceda, L., 2000; MINEDUC, 2000). Al momento de explicar cómo ejercer un liderazgo efectivo en una organización educativa, es necesario recurrir a investigaciones que precisan condiciones y requisitos de alta complejidad. Se sostiene, por ejemplo, que la eficacia y la pertinencia del perfil de liderazgo esta en función de la situación y del desarrollo del grupo en que se desempeña este rol. Esto implica que no existe un estilo de liderazgo eficaz per se, sino un repertorio versátil para determinadas situaciones y para las diversas etapas de desarrollo de la organización. Estas afirmaciones se sustentan en el clásico modelo del liderazgo situacional (Hersey, P., Blanchard, K., 1972), se conxtextaulizan en la perspectiva del «liderazgo transformacional» (Leithwood, K., 1994) y son enriquecidas con investigaciones que destacan los matices cognitivos de los diferentes estilos requeridos en el aprendizaje y la innovación educativa (Anderson, J., Greeno, J., Reder, L, Simon, H., 1999). Junto a estos antecedentes, es muy importante destacar la necesidad una clara dirección y proactividad que se sustente y sea coherente con la propia cultura organizacional (Cunninghan & Gresso, 1993), particularmente, en aquellas organizaciones que se ven exigidas a responder múltiples demandas y que son afectadas por variables exógenas que no controlan (vulnerabilidad social, dependencia política, rigidez presupuestaria, etc.). Con lo anterior, se confirma que la importancia del principio del liderazgo en las organizaciones educativas, se asocia a un mayor involucramiento y contribución de los diversos miembros en las metas institucionales y, principalmente, a la claridad y alineamiento en pos del logro de resultados de aprendizaje. A continuación, se propone una ejemplificación de esta lógica, contenida en la propuesta de «estándares para el liderazgo educacional» planteados por la ISLLC-USA5 en 1996. Según esta propuesta, el liderazgo educativo debería sostener en el tiempo, las fortalezas y énfasis que se detallan en el siguiente cuadro:





Fuente: Paulo Volante B., Miguel Nussbaum, Cuatro Principios De Acción En Gestión Educacional

miércoles, 7 de enero de 2015

Ejemplo de buenas prácticas: Fortalecimiento del equipo docente como motor del cambio.


Un establecimiento municipal de 500 alumnos, ubicado en un sector de alta vulnerabilidad, vive un giro radical y, a la vez, gradual, quedando el año 2007 al borde del cierre por bajos resultados en el SIMCE, disminución de la matrícula y serios problemas de clima y convivencia escolar, agravados por un entorno con problemas de tráfico y consumo de drogas.
El director asume esta situación crítica, lo que sumado a la renovación de parte del equipo docente, termina por convertirse en una oportunidad propicia para el cambio. Comenzó por precisar el perfil del profesor de la escuela y los acompañó en su formación en torno al proyecto educativo. Trabajó de manera colaborativa con ellos y generó las condiciones apropiadas para que desarrollaran su labor en un ambiente grato y cómodo pero estimulante y desafiante a la vez. El director se preocupó de ser un ejemplo para todo su equipo asistiendo al 100% de las reuniones de apoderados y liderando las reflexiones pedagógicas que ganaron en pertinencia y calidad; mantuvo un contacto cercano y fluido con todo el equipo docente propiciando el diálogo y la comunicación en situaciones de conflicto.
Como resultado de todo lo anterior, logró alinear el discurso y el actuar de todos los adultos del establecimiento educacional. Simultáneamente, se involucró a los apoderados como actores fundamentales en el fortalecimiento de valores que la escuela contemplaba en el Proyecto Educativo Institucional. Se les invitó a participar en charlas dadas por una psicóloga y una trabajadora social, se les entregaron lineamientos para establecer normas en el hogar y se repartieron folletos informativos para orientar el respeto a las reglas. Además, se responsabilizó a los apoderados del comportamiento de sus hijos al exterior de la escuela mediante la firma de cartas de compromiso.
Con los alumnos se comenzó a trabajar sobre las consecuencias de los propios actos a través de sanciones formativas y acciones de reparación, todas ellas declaradas en el Manual de Convivencia. En todas las aulas se expusieron las “normas de conducta”, las cuales llegaron a ser conocidas y respetadas por toda la comunidad educativa. Además, se comenzó a utilizar la instancia de mediación escolar como forma de resolución pacífica de conflictos.

Se capacitó profesionalmente a un docente para que cumpliese el rol de mediador con los alumnos y a su vez capacitara al resto del profesorado, de manera que ellos pudieran mediar también dentro del aula. Con esto, se generó un taller extra programático de mediación escolar, que a través de un equipo de alumnos mediadores, intenta resolver los conflictos entre pares, escuchando las versiones de todos los involucrados y buscando solución a sus problemas. Aquí lo central ha sido el fortalecimiento del equipo docente, proceso liderado por el director, y que es acompañado con el compromiso de los apoderados. Esto ha permitido la realización de un trabajo paulatino, articulado, constante y riguroso durante estos últimos seis años. Los frutos de este trabajo son evidentes: la escuela ha tenido mejoras significativas en los resultados SIMCE, a su vez, ha mejorado considerablemente su clima escolar, siendo reconocida por la comunidad como una establecimiento seguro, con una alta tasa de participación de profesores, apoderados y alumnos en las actividades escolares, logrando incluso que los estudiantes regresen para jugar o conversar con sus profesores después de la jornada escolar. Por último, ha incrementado su matrícula, completando sus cupos en la mayoría de los cursos.

Fuente: Agencia de Calidad de la Educación