Ejemplo de buenas prácticas: Fortalecimiento del equipo
docente como motor del cambio.
Un establecimiento municipal de
500 alumnos, ubicado en un sector de alta vulnerabilidad, vive un giro radical
y, a la vez, gradual, quedando el año 2007 al borde del cierre por bajos
resultados en el SIMCE, disminución de la matrícula y serios problemas de clima
y convivencia escolar, agravados por un entorno con problemas de tráfico y
consumo de drogas.
El director asume esta situación
crítica, lo que sumado a la renovación de parte del equipo docente, termina por
convertirse en una oportunidad propicia para el cambio. Comenzó por precisar el
perfil del profesor de la escuela y los acompañó en su formación en torno al
proyecto educativo. Trabajó de manera colaborativa con ellos y generó las
condiciones apropiadas para que desarrollaran su labor en un ambiente grato y
cómodo pero estimulante y desafiante a la vez. El director se preocupó de ser
un ejemplo para todo su equipo asistiendo al 100% de las reuniones de
apoderados y liderando las reflexiones pedagógicas que ganaron en pertinencia y
calidad; mantuvo un contacto cercano y fluido con todo el equipo docente
propiciando el diálogo y la comunicación en situaciones de conflicto.
Como resultado de todo lo
anterior, logró alinear el discurso y el actuar de todos los adultos del
establecimiento educacional. Simultáneamente, se involucró a los apoderados
como actores fundamentales en el fortalecimiento de valores que la escuela
contemplaba en el Proyecto Educativo Institucional. Se les invitó a participar
en charlas dadas por una psicóloga y una trabajadora social, se les entregaron
lineamientos para establecer normas en el hogar y se repartieron folletos
informativos para orientar el respeto a las reglas. Además, se responsabilizó a
los apoderados del comportamiento de sus hijos al exterior de la escuela mediante
la firma de cartas de compromiso.
Con los alumnos se comenzó a
trabajar sobre las consecuencias de los propios actos a través de sanciones
formativas y acciones de reparación, todas ellas declaradas en el Manual de
Convivencia. En todas las aulas se expusieron las “normas de conducta”, las
cuales llegaron a ser conocidas y respetadas por toda la comunidad educativa.
Además, se comenzó a utilizar la instancia de mediación escolar como forma de
resolución pacífica de conflictos.
Se capacitó profesionalmente a un
docente para que cumpliese el rol de mediador con los alumnos y a su vez
capacitara al resto del profesorado, de manera que ellos pudieran mediar
también dentro del aula. Con esto, se generó un taller extra programático de
mediación escolar, que a través de un equipo de alumnos mediadores, intenta
resolver los conflictos entre pares, escuchando las versiones de todos los
involucrados y buscando solución a sus problemas. Aquí lo central ha sido el
fortalecimiento del equipo docente, proceso liderado por el director, y que es
acompañado con el compromiso de los apoderados. Esto ha permitido la
realización de un trabajo paulatino, articulado, constante y riguroso durante
estos últimos seis años. Los frutos de este trabajo son evidentes: la escuela
ha tenido mejoras significativas en los resultados SIMCE, a su vez, ha mejorado
considerablemente su clima escolar, siendo reconocida por la comunidad como una
establecimiento seguro, con una alta tasa de participación de profesores,
apoderados y alumnos en las actividades escolares, logrando incluso que los
estudiantes regresen para jugar o conversar con sus profesores después de la
jornada escolar. Por último, ha incrementado su matrícula, completando sus
cupos en la mayoría de los cursos.
Fuente: Agencia de Calidad de la Educación